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DEVENDRA BANHART | Oh Me Oh My | Review

Ruta 66 | LUIS BOULLOSA

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Un puñado de acordes, un genio innato para la ironía y el símbolo y un cuatro pistas destartalado parece ser lo único que ha necesitado este chaval para construir uno de los discos más vivificantes de los últimos tiempos. Si en principio no eran más que grabaciones para consumo personal del artista, uno se pregunta qué demonios podría haber conseguido de haberlas registrado en un estudio en condiciones simplemente decentes. Aunque acaso no haga falta, acaso parte del encanto sea la desarmante sencillez, artesana, autodidacta y despreocupada con la que Banhart expone sus odas entre cómicas y metafísicas, gemas absolutas en estado asilvestrado que lo mismo remiten a Syd Barret que al fantasma del Dylan rural y burlón (magníficas “Pumpkin Seeds” o “Michigan State”), igual al anárquico método de Giant Sand que al acústico y oscuro entusiasmo de los Violent Femmes. Las referencias, en todo caso, sobran cuando el talento es tan evidente que pone los pelos de punta. No son esenciales. ¿No os convencía el perpetuo lamento de los ya no tan nuevos francotiradores americanos de raíz tradicional y corazón posmoderno? Aquí teneis alegría y contraluces para curar vuestra dañada alma. ¿Queríais un nuevo Zimmerman? Pues lo siento. Zimmerman aún está vivo. Y este tipo de cautivadora y extraña voz se llama Devendra Banhart. LUIS BOULLOSA

DEVENDRA BANHART, MICHAEL GIRA Ancienne Belgique, Bruselas

Los nombres de esta crítica deberían figurar teóricamente en el orden inverso. Pero, señores, cuando uno se encuentra frente a un genio tan mayúsculo como Banhart, justo es alterar lo que se deba alterar, descubrirse y reconocerlo como tal. Al fin y al cabo uno no presencia el estallido de una supernova cada tarde, ¿verdad? Hay quien no lo presencia jamás. Armado con una guitarra española que domina con autodidacta maestría, un espléndido disco recién salido del horno y una de las voces más originales de las últimas décadas, el jovencito Devendra –21 añitos de nada- se comió a su mentor, el malhumorado Michael Gira (ex Swans y capo de Young God Records) pero no por culpa de este, que cuajó un excelente y belicoso concierto. Igual se hubiese merendado a cualquier otro, joven o viejo, gracias a una exhibición de música comunicativa hasta el extremo, alterada y hermosísima, humorística a menudo pero de profundidad trágica gracias a unas letras impagables. Una música que en disco brilla pero en directo alcanza su dimensión esencial, pareciendo fluir sobre la marcha, oscura y narrativa, como si su autor la fuera pariendo allí mismo, mutando las formas básicas del folk, el blues y el rock a su libre y alucinado albedrío, pervirtiendo la tradición y subvirtiendo el sistema de valores del encallecido espectador de un modo al tiempo nuevo y ancestral. Arte, creo que lo llaman. Cerebro y corazón aliados para crear momentos de gracia, escalofriante, mundana y absoluta. Puede que haya estado en algún concierto mejor, pero, francamente, a día de hoy no lo puedo recordar. Para rematar la faena, Gira, que ya tiene tres discos editados con su último proyecto, The Angels Of Light, demostró como con un control de la guitarra más bien limitado, dos o tres acordes repetidos hipnóticamente y una buena dosis de convicción se pueden cuajar canciones de asombrosa hondura, dando un recital de los que te capturan lenta y subrepticiamente y que supuró mala baba, inconformismo y posición, que no corrección, política. Su voz recuerda a veces al Lou Reed más confesional y cáustico y su mensaje parece el de un Bob Dylan época folkie tras un holocausto nuclear. Magnífico, en todo caso, aún mirándolo desde la enorme exhibición de su pupilo. LUIS BOULLOSA

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